A mí no es fácil desanimarme...
Lo que ha ocurrido en el teatro municipal los pasados martes y miércoles no debería pasar desapercibido, el cierre del ciclo de los talleres de teatro (sí, faltamos TeatroLab, pero de eso ya hablaremos en otro momento).
Compartir, de nuevo, escenario con Menudo Teatro me ha removido.
Es maravilloso, emocionante, absolutamente hipnótico ver a esas personas dándolo todo en el escenario. Veinte años es una parte muy importante de sus (mí (la de todos)) vidas.
Pensando en mí: cuánto bueno me ha dado ese grupo, cuánto ha mejorado mi vida desde que las conocí, qué lujo ser uno de los de Edi...
El espectáculo es maravilloso, por mucho que sea una muestra pequeña de todo lo vivido y un poquito más de lo creado para el mismo. Edi y sus espectáculos nunca se repiten. Siempre crea, siempre evolucionan, siempre crecen...
Aun así, sentirme partícipe de muchas de las pinceladas que se daban me ha encantado, me ha parecido un regalazo poder estar (con el premio adicional de compartir espectáculo con mi hermano).
Yo, la verdad, es que esta obra no termino de entenderla...
No voy a destacar la actuación de nadie, porque los espectáculos de Edi son, usualmente, muy corales, y todo el mundo tiene su pequeño momento de gloria y protagonismo. Es cierto que los números musicales, cada uno por razones distintas y complementarias, dan pellizco adicional.
Tampoco tengo muy claro de qué grupo soy...
De éste, sin duda, me lo he pasado muy bien con mi pequeño "cameíto".
Gracias, Menudo Teatro, gracias, Edi.
Willkommen!!!
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